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viernes, 27 de noviembre de 2015

Diego Quintana: Preparador físico del equipo olímpico de vela

Diego Quintana, base canario de 1,78 que debutó en la Liga con el ‘Granca’ en la temporada 2001-02 (dos partidos), tiene un destino vital en el deporte, pero no en el baloncesto, como preparador físico del equipo olímpico español de vela. Una historia curiosa que él mismo nos relata junto con sus recuerdos en el baloncesto.
“Empecé en el Colegio Heidelberg, desde minibasket, que ya compaginaba la vela. Los fines de semana me coincidían los partidos y las regatas y mi madre y padre se ponían de acuerdo para llevarme al partido, jugar (a veces solo hasta el descanso) y por otro lado me estaban preparando el barco para llegar y salir navegando a la regata. Jugué hasta juveniles en el colegio, aunque un año coincidí con un entrenador que no me sacaba a jugar, sin fallar a entrenar, y aun así aguanté por mis amigos y la pasión por el basket.
Al terminar junior me cambié de deporte y jugué un año al fútbol, que también me gustaba. Pero al año siguiente formamos un equipo senior en el colegio. Fue ahí realmente donde empecé a disfrutar del basket y coincidí con ex jugadores ACB que me enseñaron a entender el juego y mejoré mucho. Se fijaron en mí en el Gran Canaria y me incorporé al equipo de Primera autonómica y logramos ascender a EBA y mantenernos muchos años y entrenar con los profesionales hasta que tuve la ocasión de debutar con el equipo de ACB.
El debut ante Unicaja fue una experiencia increíble. Todavía lo recuerdo bien e incluso algunos detalles del partido, pero todo fue tan rápido… Me pasé un año entero haciendo pretemporada, entrenando con el equipo ACB y jugando EBA, estando convocado en varios partidos, pero sin jugar. Como tenía más de 22 años, no podíamos jugar por ser del filial y nos hicieron a mí y a Rafa Guerra ficha profesional para los últimos partidos, ya que habían cortado al base belga Jaumin y al alero italiano Espósito.
Te encuentras en una nube cuando llegas al pabellón, estás calentando y te ves a muchos amigos y gente animándote y en el calentamiento te sientes eufórico y a la vez quitarte esos nervios y tensión ante tanta gente. Aquel día el pabellón estaba lleno. Manolo Hussein, antes de finalizar el segundo cuarto dijo: “Diego, a la pista” y me dio unas indicaciones de defender fuerte y darle ritmo al partido. Una vez salí traté de olvidarme de dónde estaba y centrarme en el juego y la verdad que salió bien, pues remontamos, contagiamos al público pues veían energía, entrega y más con jugadores canarios que estaban en pista, como Rafa y Roberto Guerra, Juanma Rodríguez y Richi Guillén. Fue maravilloso, el premio de tantos años de esfuerzo y dedicación al baloncesto.
Desde joven fui un gran defensor en la posición de base, pues me gustaba mucho presionar y tenía buen físico para aguantar toda la pista. A nivel ofensivo evolucioné mucho a nivel técnico-táctico. Leo bien el juego, las ventajas en ataque, me gusta correr el contraataque y tengo buen acierto de tiro de tres.
Tras jugar esporádicamente en ACB, la vida me cambió cuando saqué las oposiciones de Educación Física de secundaria y comencé en la enseñanza. Seguí jugando en el filial del Gran Canaria, entrenando categorías inferiores de basket y era el preparador físico de regatistas del Real Club Náutico de Gran Canaria. En el año 2006, recibí una llamada del equipo olímpico español de vela: querían contratarme para llevar la preparación física. Ni me lo pensé y ya he pasado por Pekín 2008 (oro, plata y dos diplomas), Londres 2012 (dos oros y un diploma), Campeonatos del Mundo, Europeos… No me he aburrido y he tenido el honor de representar a España al máximo nivel.
Sigo dando clase en Secundaria y jugando al basket. Llevé la preparación física de un equipo de Liga Femenina 2 y sigo siendo el preparador físico del equipo olímpico español de vela. Aún así me gusta practicar muchos deportes, seguir formándome, salir con amigos y por supuesto dedicarle tiempo a la familia (que he pasado muchos años fuera de mi isla)”.
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En el Gran Canaria 2001-02.
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En Cantabria en Liga EBA.
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Con el oro olímpico de la windsurfista Marina Alabau.

viernes, 23 de octubre de 2015

Nikola Radulovic: Seguro de vida durante cuatro años

Cuatro temporadas de Nikola Radulovic en España, desde 2002 a 2006, en las que demostró ser un jugador muy eficaz y todo indestructible en el siempre temible capítulo de las lesiones. Muy reseñable resulta el hecho de que en esas cuatro campañas (dos con el Joventut y dos con el Valladolid) no se perdiese ni un solo partido ni de liga regular ni de ‘playoffs’ por problemas físicos ni de otro tipo.
Radulovic nació en Zagreb y es croata, pero su cumbre como jugador la consiguió a raíz de su nacionalización como italiano. Fue un salto hacia adelante en su carrera considerable, ya que su  calidad le llevó a ser seleccionado por el país transalpino y participar activamente en la consecución de éxitos como la medalla de plata en los Juegos de Atenas-2004. Un año antes había sido bronce en el Europeo del 2003.
Era la época en la que los ‘treses’ altos se reconvertían masivamente en ‘cuatros’ abiertos. Él interpretó perfectamente esa nueva tendencia del baloncesto mundial desde la atalaya de sus 2,07. En sus 141 encuentros ligueros promedió 10,9 puntos en 24 minutos, aunque sin abusar del triple (34%) porque tenía más recursos (49% en tiros de dos). Además, ayudó en el rebote (4,4). Acumuló tres nominaciones como el mejor de la jornada, curiosamente la segunda y la tercera en semanas consecutivas en la 2005-2006 en Pucela. 41 puntos de valoración se clavó ante el Granada, su récord.
Responsive imageRecién llegado a España con el Joventut, en 2002.
España sin duda fue muy importante para él, ya que anteriormente no había conseguido gran relevancia internacional en su país natal, Eslovenia, Turquía, Grecia y la propia Italia, donde solamente había jugado una temporada, la 2000-01 en Nápoles. Badalona le lanzó definitivamente, algo que todavía agradece. “Los años allí fueron maravillosos. Me dio mucha pena tener que marcharme de la Liga después de todo el tiempo que pasé. Todavía lo siento porque disfruté de cada momento”, apunta.
Con cierto sentido del humor, afirma que “era un jugador mejor de lo que pensaban los demás”. “Sí es verdad que fui uno de los primeros que jugó como ‘4’ abierto, aprovechando el tiro exterior. Pero creo que lo que más caracterizaba es que jugaba con el corazón, por la camiseta”, añade.
Sí, desde luego que no se puede dudar de su compromiso con Italia, pese a su origen balcánico. “Es que en aquella selección cada día era una fiesta con grandes compañeros. La medalla en Atenas fue la crema encima de la tarta, pero también otros momentos muy buenos en mi carrera”, recuerda.
¿La crema encima de la tarta ha dicho? Bueno, quizás haya que traducir eso como “la guinda del pastel”, como decimos nosotros. No es casual que haya hecho un símil gastronómico teniendo en cuenta su ocupación actual. Tras retirarse en el 2012 con el Scafati italiano, abrió junto a su esposa, Barbara, un restaurante en Zagreb llamado ‘Saft!’, al que invita a todos los lectores.
“Son las iniciales de ‘Simple and Fun=Tasty’ (‘Simple y divertido=sabroso’). Se come muy bien porque trabajamos solo con ingredientes frescos y todo es casero. Cada día añadimos algún plato nuevo y diferente. La cocina es mediterránea y muchos españoles vienen a comer, así que tenemos mucha conexión con el país y nos gusta recibirles. Les hablamos en su idioma y les explicamos los detalles”, remarca. Podéis echarle un ojo al sitio en Tripadvisor, donde las opiniones buenas predominan sobre las malas.
Responsive imageMachacando el aro con Valladolid.


Responsive imageImagen familiar reciente.

jueves, 22 de octubre de 2015

Omar Quintero: Mexicano con coraje

Omar Quintero fue el primer mexicano en jugar en la liga española, años antes de que lo hiciera Gustavo Ayón. El base fue el que abrió el camino en un deporte que ha progresado bastante en su país durante los últimos años. Él debe lamentar mucho que se ha perdido lo mejor: el oro en el Centrobasket del 2013 y la participación en la Copa del Mundo de España el año pasado.
Siempre atento a los posibles ‘chollos’ del mercado, el Tau confió en él para hacer una sustitución en la temporada 2004-05. Se le quería evaluar para ver qué podía dar de sí en un baloncesto muy distinto al que estaba acostumbrado en su país. También había tenido alguna pequeña experiencia estadounidense en la NAIA (liga universitaria de nivel menor que la NCAA, en la que logró unos estupendos 24,1 puntos en Southern Nazarene) y en Venezuela.
Aquellos ocho encuentros en Vitoria no le sirvieron para quedarse, pero sí para llamar la atención del Fórum Valladolid, que le firmó un contrato hasta final de temporada. En ninguno de los dos sitios superó los 9 minutos de promedio, pero, al hilo de la permanencia que el equipo había amarrado con bastante holgura, renovó en Pucela. Sin embargo, sería cortado la siguiente campaña, cuando contabilizaba 3,3 puntos en 10,9 minutos. Pudo tener un tercer equipo español en la LEB con el Cantabria 2006-07, pero rompió el acuerdo al que había llegado. Su entrenador hubiera sido Pablo Laso.
Pese a que no llegó a desarrollar todo su potencial, Quintero guarda un buen recuerdo de su experiencia aquí. “Fue increíble”, comenta desde su país natal, donde su carrera sigue viva a los 33 años. “En Vitoria estuvo en el mejor equipo de España y en uno de los ‘top’ de Europa. Pude compartir cancha con muchos jugadores que están en la NBA y también jugar para un gran ‘coach’ como Dusko Ivanovic”, analiza. Sobre Valladolid, “fue una experiencia diferente. La presión era totalmente la contraria a la que había en el Tau, que era un equipo para ganar todo. En el Fórum lo importante era tratar de salvar la categoría. Pero también buenos recuerdos”.
Se define como “un base ofensivo durante toda mi carrera”, un talento que lleva ya seis temporadas consecutivas en los Huracanes de Tampico. “Estoy contento aquí. Hace tres años tuvimos la oportunidad de jugar un amistoso en España contra el Barça”, comenta.
La abundancia de opciones en el puesto de base le ha apartado de la selección en los últimos dos años, aunque el baloncesto mexicano le tendrá que agradecer siempre haber estado en primera línea en peores momentos, cuando era la gran referencia ofensiva. Por ejemplo, fue el máximo anotador del Torneo de las Américas del 2003 (21,1 puntos), cuando su equipo fue sexto.
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En el Tau.
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Con el Fórum Valladolid.
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En la selección.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Brian Quinnett: Insuficiente en Murcia

Dejó buen recuerdo Brian Quinnett en Murcia en la temporada 92-93, aunque el equipo acabó descendiendo. Tuvo una corta y algo frustrante carrera. Hubo un momento que parecía que podía hacerse un hueco en la NBA y acabó retirándose antes de cumplir los 30 por unos serios problemas de espalda, un disco roto que presionaba un nervio y que le obligó a pasar por el quirófano y tener que dejarlo definitivamente.
El inicio de su trayectoria sí pintaba bien. Prefirió quedarse en su estado natal, Washington, en la etapa NCAA, y después, tras ser elegido en segunda ronda del año 1989 (número 50), tuvo algunos minutos con los Knicks, sobre todo en su segunda temporada, cuando alcanzó los 14,9 (y 4,7 puntos). Después, el traspaso a Dallas Mavericks a cambio del veterano pívot James Donaldson rompió su trayectoria. En Texas apenas dispuso de oportunidades en la 91-92.
Responsive imageCon los Knicks.
Pasó entonces por el ‘purgatorio’ de la CBA hasta que en enero del 93 le llegó la llamada de Murcia, de Moncho Monsalve, para sustituir a Ralph McPherson, que se había lesionado y más tarde volvería. Era bastante unidimensional, orientado al tiro de tres puntos. Y eso lo hacía bastante bien: acreditó un 43% desde la línea de 6,25 lanzando 7,5 por partido. Sin embargo, su media de 15,5 puntos por choque no fue suficiente para evitar primero que el equipo acabase último de la liga regular y después fuese derrotado en el ‘playout’ por el Huesca con un claro 3-1. Quizás se pasó un poco de ‘jeta’ al tirarse 17 triples el día del cuarto partido (metiendo seis).
No volvería a jugar en Europa. Estuvo dos años más en la CBA, soñando con volver a jugar con los mejores en algunas lígas de verano con Boston, Chicago y Orlando, pero no consiguió. “Para poder hacerlo tenía que estar al cien por cien. Y solo llegaba al 90”, dijo en una entrevista unos años después.
Y es que tuvo unos años complicados, en los que no sabía hacia qué rumbo encaminar su vida. “Es especialmente duro dejar el deporte profesional para quienes no lo ven venir. Y yo desde luego no lo vi”, comentó. No parecía conservar por entonces (1997) un gran recuerdo de Murcia: “Iban últimos cuando llegué, llevaban tres entrenadores y como diez americanos. Todavía me deben dinero, un dinero que no parecía gran cosa entonces, pero que ahora me vendría muy bien”.
Responsive imageDefendiendo a Kenny Green con el Murcia (Foto: El Periódico Extremadura).
Parece que la cosa ha mejorado bastante desde entonces. Completó sus estudios con un máster en Ciencias y otro en psicología deportiva. Tras un tiempo en con su propio negocio, ahora trabaja en el instituto que creó su padre, Paul, en Spokane (Washington), llamado QPR, que está especializado en la prevención del suicidio. Brian se ocupa de varios aspectos, entre ellos el cuidado de los deportistas que estén en riesgo de quitarse la vida.
Responsive imageEn la actualidad.